EL TIEMPO ¿GRAN AMIGO O GRAN ENEMIGO?
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Una vez, una compañera de la universidad me preguntó por qué siempre le ponía fecha a todo. No fue hasta ahora, a las 4 de la mañana, que me puse a escribir y me di cuenta de que los días, de la mano con las horas, han sido fundamentales en mi vida. Una manera de poder explicarlo es la siguiente: siempre contaba las horas para salir del colegio y llegar a mi casa a ver novelas a escondidas de mi mamá; siempre esperaba con ansias el 24 de diciembre y el regalo que recibiría ese día, así como mi cumpleaños cada 8 de noviembre.
Siempre he pensado que en la vida podemos recuperar el dinero (si sabemos cómo hacerlo), podemos recuperar risas, abrazos perdidos y crear nuevos recuerdos. Pero no el tiempo; un minuto perdido es algo que no volverá. Tal vez me obsesiona tanto este tema porque me puse a pensar: ¿cuánto tiempo perdemos haciendo cosas que nos gustan?
Esto me llevó a cuestionarme: ¿cuánto perdemos con personas que no nos suman, que sabemos que hablan mal de nosotros y seguimos ahí, queriendo mantener vínculos que nos hacen perder el tiempo? Leyendo libros que no nos llenan o viendo películas que nos aburren, cuando podríamos aprovechar el tiempo con cosas que nos hicieran felices. Nunca he creído que la vida es corta; todo lo contrario: creo que es lo suficientemente larga si sabemos aprovechar nuestro tiempo.
Tal vez porque las mentalidades cambian con el paso de los años y nuestra forma de ver la vida evoluciona. Mi mente de quince años no es igual a la de ahora, a los veintidós casi veintitrés años; aunque siempre seré impaciente, desesperada y ligeramente maniaca. Con el paso del tiempo vemos que los días, fechas y horas son un regalo que debemos saborear como el más divino de los chocolates.
Tal vez porque aprendemos que las horas bien invertidas son valiosas y si sabemos en qué derrocharlas; porque el tiempo que pasamos tomándonos un café con una gran amiga vale más que el que perdemos con gente que no nos valora.
Si a estas alturas me preguntaran si el tiempo es mi amiga o enemigo, diría que es mi gran maestro. Porque me ha enseñado que las cosas se dan en el momento en que tienen que darse; que cuando los días pasan y el tiempo corre, las penas en algún punto dejan de doler. El tiempo, de la mano con la madurez, te enseña mucho; te ayuda y sobre todo te forma como persona. Y esa es una fecha que nunca se puede anotar porque nunca terminamos de aprender y mucho menos de vivir.
Excelente reflexión, gracias por compartir
ResponderBorrarEste es el tiempo adecuado, sin duda alguna, para reflexionar en torno al interesante tema que planteas.🕚
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