La piel que habitamos

 


Bendita la hora en que la inspiración llegó a buen momento, porque no puedo parar de pensar en escribir de madrugada. Una de las cosas que siempre me ha costado hablar es mi relación con el ejercicio, porque no me gusta. Se me hace doloroso, forzado y, honestamente, preferiría pasarme la vida acostada viendo Netflix y leyendo en el celular.

Pero hace unos meses tuve el gusto de entrevistar a Anais Duarte, y muchas cosas cambiaron mi mentalidad. Porque tuve que aprender que esta piel es en la que voy a vivir toda la vida. Este cuerpo es donde habito, recibo y existo. ¿Si no lo cuido yo, quién lo hará? Sé que suena cliché andar por la vida hablando de aceptar cuerpos cuando yo he pasado más de la mitad de mi vida queriendo cambiar el mío. Pero alguna vez oí que: como nos hablamos, nos tratamos —una frase sencilla de psicología básica.

¿Por qué fijarme tanto en que mis muslos cada vez están más gordos? ¿Por qué no fijarme en la bonita figura que se me forma cuando me pongo vestidos, o en cómo, a partir de que mi cabello es rizado, mi rostro se ve más perfilado?

¿Cómo dejar de ver solo lo que hay que mejorar y trabajar sobre eso, pero sin querer cambiarlo todo? Porque gran parte de mi vida pensé que, si trabajaba lo suficiente, podría pagarme una cirugía plástica que me cambiara de arriba abajo, pero… qué horrible pensar así. ¿Por qué cambiar mi cara, si es por lo que me conoce todo el mundo?

Mi rostro es una mezcla de las dos personas que más quiero, mis padres, y puede tener un toque de mis antepasados y muchas cosas cursis más que son realidad. Y todo esto lo pensé mientras hacía 20 minutos de cardio en la caminadora, escuchando de fondo a Cristian Castro, porque empezar a conocer esta parte de mí no significa que me vaya a gustar escuchar reguetón a diario. 😅

Mi cuerpo no es perfecto, mucha gente me lo ha hecho saber en la vida. Pero es mío, forma parte de lo que soy, y cada cambio que hay en él es una parte de mi historia de vida. El ejercicio no siempre es para buscar una medida perfecta, ni para querer tener la cintura más delgada. Es cuidado, es una muestra de amor propio. Es atención y, sobre todo, compromiso.

Así como nos comprometemos a pagar una suscripción de Amazon o Netflix para nuestro disfrute, el cuidado también lo es. Poco a poco me siento feliz en esta piel que sé que no es prestada, es mía. Y esa idea del cirujano no la descarto para algo puntual, pero no para cambios radicales, porque esta cara, estos ojos y este cuerpo son mi esencia, son mi vida y soy yo.


Comentarios