¿Prueba de amor o amor a prueba?
Matrimonios y relaciones mixtas: Entre judios y católicos.
¿Prueba de amor o amor a prueba?
Según un estudio del Institute for Jewish Policy Research, solo el 5% de los judíos contraen matrimonios mixtos. En esta oportunidad, abordamos las tres facetas más humanas de una relación, desde tres testimonios distintos. Hablaremos de qué es lo que pasa cuando personas de dos religiones como el judaísmo y el catolicismo se encuentran.
Corintios 13:4-7
“Yo no creó en las mariposas en el estómago, yo creó en los elefantes en el estómago”, no fue lo que Avi Benzaquen me dijo en la primera entrevista, pero sí que fue el comienzo para entender una buena historia de amor. Amram proviene de una larga generación de judíos. Una religión que, con el pasar de los años, siempre estará plasmada en cualquier libro de historia. Un peso muy grande que ha sabido llevar y acarrear con él; sin embargo, con la llegada de los años, las mentalidades cambian, la madurez aparece; comienza la llegada de muchas cosas… entre ellas el amor.
La comunidad judía en Venezuela cada día es más reducida, en sus propias palabras, “hay un total de cuarenta jóvenes de los cuales veinte se graduaron, entre ellas mujeres”. Prácticamente se crea un sentimiento de hermandad con las chicas que viste crecer a tu lado, lo cual complica verlas de forma romántica. Lo que deja dos opciones: irse del país a otras comunidades judías o volver a una mujer al judaísmo. Pero aquí se encuentra la primera disyuntiva.
—Mi familia no aprobaría algo que salga de las costumbres, ya que lo ideal para ellos es una mujer judía; ellos no creen en la conversión— me dijo con una aseveración que no da derecho a duda o réplica.
Avi tiene pequeños detalles, además de utilizar el sustantivo “correcto” a menudo para confirmar cualquier cosa, una gran altura y una forma de explicar las cosas de la manera más sencilla; todas sus relaciones han sido con mujeres pertenecientes a la religión católica, cosa que ha complicado ver los planes a futuro. A pesar de todo, al preguntarle si, por amor, llegaría a romper esas normas y casarse con una persona católica, dice que sí aceptaría, pero sería un sacrificio muy grande, ya que dejaría de lado muchas cosas que son fundamentales en su vida; sin embargo, no es imposible… sus palabras toman más peso al salir en la historia el nombre de una mujer, con un nombre de significado “amanecer”, como lo fue ese amor, un amanecer en su vida, con la primera sonrisa que lo enganchó en un primer momento, con la llegada a su vida de Oriana, su novia.
—La conocí en el club donde trabajo; ella es doctora; yo empecé a hablar con ella— recalco con un tono de picardía que dejaba entrever el cariño con que recordaba la situación. Al comenzar este relato, cuenta que fue algo que se dio de forma lenta, aunque el comienzo de todo fue por una sonrisa.
—El momento en que me di cuenta de que me gustaba fue en la pandemia, en ese momento todos usábamos tapabocas; ella lo usaba y no había visto su cara. Hasta que un día comenzó a ir sin él porque las restricciones de su uso comenzaron a bajar— me explicó en la segunda entrevista que le hice, en medio de un pasillo lleno de estudiantes que no dejaban de gritar.
—Un día a las seis de la mañana, llegando al club, la vi llegar; cuando generalmente la gente a esa hora tiene una cara de sueño y molestia, ella llegó sonriendo. Era una de las pocas personas que llegaba sonriendo y diciendo buenos días; eso me atrajo.
Tenía una forma bonita de mencionar los recuerdos de hace tres años —el tiempo de su relación—; recordar una primera salida donde todo fue un “total fracaso”, desde una subida al Ávila que sabía que lo haría morir, seguido con una dona que sabía a cartón, y una bajada de tensión que lo dejó en vergüenza; al final, todo funcionó y desde ese día no se separan. Con reflexión, asegura que no hay peor enfermedad que el enamoramiento, porque cuando te das cuenta ya no hay vuelta atrás. Se refiere a esta etapa de su relación como que siguen en “una luna de miel”.
Avi es el único hijo del matrimonio conformado por Salomón y Nurit, que por muchos años intentaron tener el milagro de toda familia, un hijo que fuera la consolidación de ese amor. Luego de diversas pérdidas llegó él. Además de venir de una familia pequeña que se podría contar con los dedos de las manos, y seguramente sobrarían dedos. En el judaísmo, las madres son muy cautelosas cuando sus hijos están con personas que no pertenecen al círculo judío; en el caso de Avi, la precaución es más latente al momento de encontrar una compañera, una mujer ideal con la que complementar su vida. En sus propias palabras, se buscan cosas sencillas.
—Una mujer familiar, ya que la religión judía es así, que sea sociable y que sea compatible con las tradiciones y reglas; ya que en el judaísmo hay muchas.
Una forma particular de explicar desde sus convicciones y creencias. Pero a pesar de que su definición de amar es desde la libertad, por decisión y convicción; también explica que en los primeros instantes de vulnerabilidad se sentía como un niño en busca de ese abrazo que le da consuelo. Amar no es solo libertad; también llega el instante de pertenecer, cuando estás al lado de la persona y tus decisiones, como él mismo expresa, ya no son solo en base a tus intereses.
—Tú mismo te pones las reglas, y las decisiones que escoges; ahí es cuando comienza la relación de pareja, cuando lo integras en tus decisiones, cuando sabes que algo que tú escojas pueda incomodar a la otra persona, cuando cada decisión viene con un diálogo.
Pero no todo es romance; también hay momentos de tensión y diálogo; sus padres han tenido una relación cordial pero distante con Oriana, y aunque han respetado su relación, han dejado claro que en el momento de la mención de un matrimonio, van a intervenir. En el judaísmo, los noviazgos tienen una duración de tres o cuatro meses; en comparación con su relación de tres años, es un tiempo donde el compromiso ya está formado. Poco a poco la ha ido integrando a sus costumbres y de manera más profunda en su vida, ya que en sus propias palabras, al definir lo que es querer, lo hacía de una forma muy particular.
—El amor es como un gato, no lo puedes domar, no lo puedes controlar ni domesticar; es libre. Simplemente hace y deshace lo que quiere; él decide estar a tu lado. Te quiere en la medida que él decide estar ahí. Eso es amar.
Buscando entre tantos significados lo que defina el acto de amar, conseguí como caído del cielo un versículo de la Biblia llamado Corintios 13:4-7, que nos sintetiza tan puro sentimiento, dice que “el amor es paciente, es bondadoso; no es envidioso ni jactancioso, no se envanece; no hace nada impropio; no es egoísta ni se irrita; no es rencoroso; no se alegra de la injusticia, sino que se une a la alegría de la verdad”. Pero en este caso prefiero como lo explica Avi: “El amor es la unión de dos personas, es la conexión que se da desde la libertad”.
Efesios 5:25
“Se murió alguien importante, y llegó alguien importante a mi vida”, esto es lo que explica Diego Scharifker cuando habla de cómo su esposa Sarah Dávila llegó a su vida. El día que se conocieron, él enterraba a la que era como su segunda madre y ella iba camino a estudiar con una amiga para un examen de estadística.
—Fue un primer encuentro nada tradicional; yo estaba estudiando y una amiga me dijo que fuéramos juntas a estudiar para un examen— me explicó— mi amiga me dice que va a pasar un momento a darle el pésame a un amigo que su mamá falleció; no me quise bajar porque no la conocía. Sin embargo, terminé bajando a acompañarla y ahí estaba Diego.
Sarah ya sabía de Diego, ya que en esa época era candidato a reelección por la Federación de Centros Universitarios de la Universidad Central de Venezuela; Diego, al igual que ella, era estudiante de la misma casa de estudio, solo que en este caso él estudiaba derecho. El mismo día se enteró de que Nanaro, la señora que falleció, era la madrastra de Diego. Al salir del cementerio, a Sarah le llegó una notificación al celular alguien la había agregado a sus contactos; para su sorpresa era Diego que lo había hecho mientras seguía en el cementerio.
Ese mismo día comenzaron a conversar; a los ocho días del fallecimiento de la madrastra de Diego salieron, pero todo se dio de forma muy lenta. Diego no solo era candidato al FCU, sino que también estaba comenzando una carrera política donde pasó por muchos altos y bajos. Al poco tiempo llegaron las elecciones al FCU, donde Diego perdió, Sarah lo acompañó, no dejaron de estar en la vida del otro, y a finales de ese año comenzaron a salir; y en enero formalizaron la relación.
Al comienzo de su relación, Diego le explicó que era judío, pero no practicante, sino a nivel cultural; no cumplía con todas las festividades al cien por ciento, pero las respetaba; trató de volverla parte de sus tradiciones y costumbres; luego de eso, el tema de la religión no se volvería a tocar hasta el día en que se casaron.
—Él es un hombre muy formal; cuando piensas en un hombre clásico, piensas en Diego; fue una relación muy tranquila, pero al mismo tiempo muy intensa por lo que él representaba— aclaró Sarah— había que negociar entre lo que yo quería y él podía hacer, por su posición política.
Una de las cosas positivas en la relación era que la familia de Diego no tenía normas tan ortodoxas con la religión, ya que el judaísmo no estaba tan marcado. Cuando los padres de Diego se separaron, ambos volvieron a contraer nupcias con personas católicas. En sus propias palabras, al ver eso sintió calma al ver que la familia no era tan cerrada.
—A los dos años de estar juntos, me pidió que viviéramos juntos; ante lo que yo le dije que mi mamá se iba a morir y mi papá nunca lo iba a aceptar, pero siempre me explicó que eso nos iba a permitir conocernos mejor y saber cómo éramos en convivencia— agregó— mi papá no estaba de acuerdo; hubo un poco de drama, pero fue una decisión que llevé a cabo.
Poco tiempo después un fin de semana cualquiera, Diego le dijo que hiciera maletas, que iban a pasar un fin de semana en una posada; ahí, en la intimidad de la playa, le pidió matrimonio. Cuando llegó la fecha de su matrimonio, de nuevo salió el tema del judaísmo y la conversión. Sarah dejó saber de forma firme que no iba a dejar el catolicismo y Diego lo respetó. Su primera boda fue por el civil en la intimidad de amigos y familia, ya que la gran mayoría de la familia de él había emigrado; su segunda boda estuvo llena de simbolismos. Como no podían tener a un rabino ni a un cura oficiando la boda, Diego le pidió a su mejor amigo que oficiara la boda.
—Nos casamos en New Jersey, muy cerca de New York. Fue algo simbólico al aire libre; fue lindo— aseguró Sarah—Diego no se sentía cómodo en una iglesia y yo tampoco en una sinagoga. Pero hubo cosas de ambas partes: el uso de una kipá, rompió la copa después de los votos; no fue ni católica ni judía; tratamos de respetarnos, pero fuimos felices.
Con el pasar de los años, llegaron los hijos. Su primer bebé fue un varón; cuando estaban en la búsqueda de realizarle la ceremonia de la circuncisión, un rabino ortodoxo les sacó el tema de la conversión, ya que en el judaísmo el hijo ya es judío si la madre es judía. Por segunda vez en su relación se volvió a hablar del tema, y de nuevo la respuesta de Sarah fue la misma: no dejaría de ser católica, y él, como siempre, la respetó; siguieron buscando a otro rabino y, al conseguir un rabino reformista, encontraron al adecuado que los respetó. Después de un tiempo llegaría su hija, y se volvieron una familia de cuatro. No todo ha sido fácil; tuvieron que emigrar a Estados Unidos, tuvieron que dejar todo lo que conocían y lo que habían construido para reinventarse desde cero.
—Cuando una pareja emigra, hay muchos duelos, porque se deja lo que se fue, el nombre que uno construyó. Pero en mi caso con Diego nos acoplamos bien. Diego es un hombre muy inteligente, ecuánime y cuadrado; ¿vivió su duelo de emigración? Sí, pero no le dio espacio a lo emocional; soportó lo que venía.
Parafraseando las palabras de Sarah, Diego le dio una estabilidad mental y emocional; se volvió su calma y su paz. El amor se describe de muchas formas y maneras; cuando llega el matrimonio, más aún. Cuando buscamos en la Biblia un versículo que nos hable de lo que es el matrimonio en Efesios 5:25, dice: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella”, pero en algunos casos es mejor oír cómo lo describe alguien que lo vive al día a día, como lo hace en este caso Sarah Dávila: “que te apoye, que te dé esa mano de ayuda, que sea tu estabilidad y serenidad; que no cuestione tus metas y que siempre esté contigo, ya sea dándote ánimos o cuidando a los niños; que te despiertes cada mañana y admires a esa persona”, aunque este mundo siempre está cambiando y no sabemos qué pasará mañana, todo estará bien porque sabe que tiene a sus hijos y a Diego, que en sus palabras es su calma.
Deuteronomio 24:1
“No tenga hijos, hasta que no sepa con quién duerme”, esto se lo dijeron a Levi Cohen un día de semana cuando iba a montar a caballo, y no se imaginó que le darían un consejo que con el paso de los años tendría toda la razón. Dicen que con el primer amor se escuchan cantos de ángeles en los oídos, pero en el caso de Levi se escuchaban alertas como en una película de terror.
Levi conoció a Hannah gracias a que la hermana de ella, Claudia, una vieja amiga, los presentó; al ser hermanas gemelas, casi se sentía como un déjà vu. La primera vez que tomaron un café, desde el comienzo a él no le cayó muy bien; algo le decía que se fuera de ahí, pero su distancia no fue una ofensa para Hannah, fue más bien lo que aumentó su atracción, y en palabras de Levi, comenzó a buscarlo “hasta por debajo de las piedras”. Después de tanta insistencia, un año se volvieron novios, y ahí comenzaron a sonar de nuevo las alarmas; estuvieron juntos alrededor de cuatro años y luego se casaron por presión social, ya que su círculo cercano empezaba a casarse. El primer problema llegó cuando firmaron el papel que los volvía marido y mujer.
—Yo estuve con una mujer cuatro años, y cuando firmé el papel conocí a otra totalmente distinta.
Levi Cohen, no solo era judío, era un hombre que siempre vio la vida de forma distinta, con mucha responsabilidad y seriedad; a muy temprana edad quedó solo en el mundo, ya que su madre murió cuando él tenía veinticuatro años, con la responsabilidad de su hermano menor, que con el paso de los años le diagnosticarían autismo grado I. Parafraseando sus palabras, un día le mostró a su mamá el cheque que cobró en su primer trabajo y dijo que ella sintió que ya podía dejar este mundo porque Levi era capaz de encargarse de su hermano menor. Poco tiempo después moriría. Al ser hijo de padres separados, su padre volvió a hacer una vida, tal como me explicó.
—Mi relación con mi papá está ahí, pero no es cercana; si lo quiero ver, lo veo, y si no lo quiero llamar, no lo llamo.
Al poco tiempo de casarse con Hannah se dio cuenta de algo que la gente callaba: su entorno no gustaba de ella, ni sus amigos, ni sus abuelos que lo criaron, ni a cualquier persona cercana a él que la acabara de conocer; algunas señales lo hicieron dudar, pero todos a su alrededor callaron por respeto. Algo irónico era que Hannah era de ascendencia italiana, pero no le gustaba cocinar, hacerse cargo de la casa y mucho menos tener a su cuñado cerca, algo que en la religión judía se espera que la esposa se haga cargo de las labores del hogar, compartidas con el marido… En este caso, David, el hermano de Levi, era una responsabilidad de la que nunca podría desligarse, ya que solo contaba con él.
El final de este matrimonio llegaría a los tres años de casados; en teoría, un matrimonio es de dos, pero en este caso fue de cuatro: lo conformaban Levi, Hannah y los padres de esta, ya que en cada decisión del matrimonio, quienes decidían qué era lo mejor eran ellos, de la mano con secretos e intrigas que a Levi lo desconcertaban.
—Me enteré de que murió su abuela, y yo no sabía que ni abuela tenía— explicó desconcertado— ella conocía hasta lo peor de mi lado, y yo no conocía a nadie de su lado; colocaba muchas excusas, y a partir de ahí la relación se vino abajo.
La falta de transparencia, las pocas ganas de salvar la relación, la llevaron al desastre. Levi enfatizó que trató varias veces de ir a terapia de parejas y ella siempre decía que no. Como en cualquier novela venezolana, el día que Hannah decidió irse de la casa fue por una decisión de sus padres, de la que Levi no era partícipe, y ahí supo que hasta ese día sería el esposo de ella; decidió irse sin opinar y enrumbar su vida. Era algo irónico que lo que los separó no fueron creencias distintas, fue la falta de opiniones y sobre todo de comunicación.
Pero como todo duelo en la vida, después de que se pasa por sus cinco etapas que son: (negación, ira, negociación, depresión y aceptación); se puede agregar una sexta, que es la esperanza, aquellas ganas de volver a creer y sobre todo de que el amor no es doloroso, las malas decisiones sí. Con el pasar del tiempo, las heridas sanaron en el corazón de Levi, y llegó a su vida Mariana, quien además de ser su esperanza, se volvería su segunda esposa.
—Conocí a mi segunda esposa antes que a mi primera esposa.
Como explica Levi, Mariana también montaba a caballo, afición que ambos compartían y los hizo conocerse. Un día ella dejó de ir; se distanciaron, pero quedó un contacto; primero por correo, después por mensaje, y un día, después de que habían pasado algunos años del divorcio, la invitó a tomarse un café, y desde ahí no se han separado. Desde el momento que comenzaron a compartir, se dio cuenta de que tienen valores iguales, y aunque no siempre estaban de acuerdo, lo bonito era buscar un punto medio para solventar cualquier problema. En este caso, hicieron las cosas al revés: primero vino un hijo, el cual describe como muy buscado, y después de su nacimiento, un matrimonio civil para temas de formalidad; ella ha mostrado interés en la conversión al judaísmo, pero de parte de Levi, no hay presión; nunca la obligaría a algo.
En esta nueva oportunidad, no hubo secretos, ni dudas, sino la mayor de las transparencias y el mayor amor que se puede demostrar; sus suegros lo recibieron con los brazos abiertos, y como comenta entre risas, su padre habla más con Mariana que con él mismo. No todo ha sido fácil; su hijo también tiene autismo grado I, lo que los ha considerado una emigración por calidad de vida para su familia, ya que en el país cada día hay menos especialistas en el área. Pero no importa las distancias o que tan lejos vayan, porque sabe que todo va a estar bien si tiene a la gente que ama cerca.
En la Torá, en Deuteronomio 24:1, dice: “Cuando alguno tome mujer y se casare con ella, si no le agrada por haber hallado en ella alguna cosa indecente, le escribirá carta de divorcio, y se la entregará en su mano, y la despedirá de su casa.” Un pasaje que establece las condiciones para divorciarse en el judaísmo; en este caso, no hubo carta, porque con el silencio y las malas decisiones se acabó un matrimonio que llevó a algo mejor: la esperanza de que los errores y fallas llevan a algo mejor, o como lo describe el propio Levi, “el matrimonio es una sociedad en muchos aspectos; hay cosas que uno suple y el otro complementa. Mi esposa siempre está atenta, y hay un compromiso”, y aunque su primer enlace fue por presión y este por amor, lo bonito de todo esto es que lo llevó a conformar un hogar que es su lugar feliz.
Muy buena reseña que muestra tres disímiles caras del amor entre judíos y cristianos 🌟
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