El mundo de Mafalda: Una sátira de la vida
![]() |
| Imagen cortesía del MINCYT |
Al llegar a su destino, se sorprendió no solo por la elegancia clásica del museo, sino también por la movida artística caraqueña y cómo "decoraban" espacios donde más bien mataban lo que alguna vez fue arte contemporáneo. Cuanto más caminaba, más encantada quedaba con sus extensas escaleras y, sobre todo, fascinada con el cafecito que había en una esquina que le había llamado la atención, ya que la caminata la había dejado acalorada.
Al entrar a la exhibición, una muchacha con una sonrisa amable y una camisa blanca la recibió. Si no hubiera tenido como sello distintivo un logo de la caricatura argentina sosteniendo un globo terráqueo, habría llegado a pensar que era alguna fanática religiosa que venía a encarrilarla por el camino del bien. Le extendió un papelito rojo e indicó con su mano derecha que debía llegar hasta el final, donde había una frase del autor Benito Yrady escrita en letra clásica y en negrita.
"He sido un amante del arte, con una gran nostalgia por no haber podido hacer más por tanta gente que para muchos resulta anónima".
Al subir las primeras escaleras, otro joven con otra cálida sonrisa la recibió a mano izquierda; le señaló unas sillas ubicadas en una esquina donde debía tomar asiento para que el primer guía saliera a guiarlos. Miró a su alrededor y se sorprendió al notar que las sillas estaban vacías y había un número reducido de personas alrededor de varias figuras de cartón tomándose fotos con muecas y sonrisas. ¿Y cómo no hacerlo? Hasta ella misma sonrió al darse cuenta de que era Mafalda y sus amigos de la cuadra: Susanita, Manolito, Libertad y Felipe. Las puertas estaban decoradas con azules, amarillos y rojos; en la parte superior había una linda niña de seis años que nos daba la bienvenida a su mundo: el mundo de Mafalda.
Joaquín o mejor conocido como Quino
Al momento de entrar, un aire acondicionado a 16 grados les indicó que la exposición había comenzado. Una joven de largo pelo negro y una sonrisa adornada por unos labios pintados de rojo escarlata, les indicó que debían colocarse en fila para empezar el recorrido. La camisa que tenía puesta con una Mafalda sonriente sobre un globo terráqueo le recordó a Valería a la primera vez que vió a Mafalda.
Valeria estaba en medio de esta fila y se sorprendió al encontrar solamente a dos niños que rondaban entre los seis y nueve años, rodeada por muchos adultos que habían dejado hace mucho tiempo la juventud para ser ahora parte de una población cuyas edades ya se decían con seriedad y no risueño. Esto la llevó a pensar que, en el fondo, todos somos niños en búsqueda de momentos que nos roban sonrisas.
La primera parada fue para conocer a Joaquín Salvador Lavado, o mejor conocido como Quino; la guía explicó con una tenue voz y moviendo la pierna alrededor de una figura del artista de donde provenía su nombre.
– "Tenía un tío llamado Joaquín; lo cual fue un problema cuando nació: como era más grande que él y ya todos le venían diciendo Joaquín desde hacía tiempo, para no confundirse lo empezaron a llamar 'Joaquincito', 'Joaquino' o en casos especiales 'Gu Gu'; hasta que le quedó el famoso 'Quino'". Valeria no pudo dejar de pensar mientras la guía se apretaba las manos como tratando de darse seguridad a sí misma al darse cuenta de que a su alrededor no había una exhibición cualquiera; más bien era todo lo contrario: era un mundo en blanco y negro que se llenó de color gracias a la inteligencia de una niña de seis años. Y lo más increíble: personas llenas de ilusión escuchando con la atención propia de un niño de primaria. Después de esta explicación, la guía sonrió con la más tierna picardía dando paso a todos estos adultos que regresaron a su infancia para tomarse fotos con su nuevo amigo Quino.
Los amigos de Mafalda y su visión del mundo
Luego de terminar tan larga exposición donde Karina —la guía recibida con una sonrisa y labios carmesí— dio un último suspiro con alivio disimulado antes de pasarnos a la siguiente parada. A diferencia de Karina, esta nueva guía tenía una sonrisa dura en los labios como si hubiera practicado varias veces frente a un espejo para lograr hacerla creíble; aunque su vestimenta era igual que la de Karina, sus ánimos eran similares a los de Susanita. Comenzó la exposición mostrando siete libros que nos presentaban a los amigos de Mafalda y su significado en su vida.
Como Manolito ayudaba a su padre y, a su corta edad, comprendía que todo era un negocio; o Susanita, esta amiga que no siempre estaba de acuerdo con las ideas progresistas de Mafalda y defendía lo aprendido en casa: tener hijos y un esposo. Algo irónico pensó Valeria, ya que mientras Lourdes (vamos a llamar así a esta segunda guía) hablaba en la exposición, había dos madres solteras orgullosas con sus hijos. Pero las favoritas de Valeria eran Libertad y Felipe; ambos demostraban lo que no se debía perder en esta vida: por muchos años que pasaran, la inocencia de querer descubrir el mundo y todo lo que lo rodeaba.
El globo terráqueo y el carro del papá
Lourdes, con movimientos ascendentes de su mano, nos guió hacia diferentes globos terráqueos colocados en varias posiciones; esto llevó a Valeria a preguntarse cómo los niños tienen pensamientos tan profundos mientras los adultos actúan como infantes. La guía nos explicaba sobre cada uno de los globos terráqueos: el mundo suicida, el mundo desinflado, el mundo enfermo, el mundo sin tierra; aunque Valeria sabía que no recordaría ninguno, entendió lo que Lourdes decía.
— "Todos estos mundos reflejan cómo Mafalda quería mejorar el planeta Tierra; cómo lo cuidaba y deseaba un mundo mejor para todos los que vivían en él; cómo dividía las categorías sociales por mundos y trataba de entenderlos".
Con un movimiento de cabeza Lourdes llevó a la otra esquina de la exposición al carro del papá de Mafalda; como dato curioso es el único miembro que no lleva nombre. Lourdes nos contó como si fuera la mayor anécdota cómo el Citroën 2CV llegó a la familia.
— "Mafalda quería conocer el mar y fue tanta la insistencia hacia su padre que fue innegable complacerla llevándola al mar en el primer carro de la familia; pero también es una metáfora sobre un contexto socioeconómico que refleja los cambios en Argentina durante los años 60".
Después de esto, la exposición tuvo tres paradas más donde mostraron la casa de Mafalda y su entorno para pensar; pero Valeria descubrió algo que le haría querer más a esta chiquilla: al igual que ella odiaba la sopa y en algún punto del camino su madre también la obligaba a comerla como si fuera el alimento más proteico. Pero también con esa rebeldía característica valeria decidió salirse un poco del recorrido para conocer a su nueva amiguita; al querer tomarse una foto con una figura de Felipe se dio cuenta de las más dulces casualidades: ese día llevaba unos jeans llenos de bolsillos y una camisa roja fuerte igual al vestido nuestra querida Mafalda.

.jpeg)
Comentarios
Publicar un comentario