¿IMPACIENCIA O MANIFESTACIÓN?
| Imagen cortesía de Pinterest |
La impaciencia no es un defecto; considero que, si se le da un buen foco, puede ser una buena fuente de energía para hacer muchas cosas que deseas en poco tiempo. Pero cuando Dios la creó, yo estaba en otro lado impacientándome por algo.
En mis momentos de máxima desesperación, hasta he logrado completar un curso, he sacado adelante una materia de la universidad y, en el proceso, he dejado de dormir bien. Más allá de todo, a veces tenemos que verle el lado bueno a la impaciencia, que es poco, pero nos ayuda a buscar soluciones a las cosas que queremos de manera inmediata. Sin embargo, no podemos ignorar aquellas cosas que nos sacan de nuestras casillas. ¿Cómo vamos a saber qué pasará mañana si no ha terminado el día de hoy? No lo sé, y eso es lo peor de vivir con una eterno desespero: querer todo ya mismo, sin dejar que las cosas sigan su curso natural. Y no es queja, es más bien manifestación… algo así como: “Diosito lindo, por favor. Sé que estamos a primero de septiembre; si eres piadoso, haz que me adelanten la quincena catorce días antes. Amén”.
O cuando pedimos con fuerza muchas cosas con la fe de que se hagan realidad; antes se le llamaba orar, ahora se le dice manifestar. Es algo que me causa mucha risa. Yo quisiera que el día tuviera 30 horas y tener una alfombra mágica donde pudiera ir a todos lados y hacer las cosas que tengo que hacer. Querer todo para ya es un gran problema. ¿Cómo vas a lograr las cosas si no disfrutas el proceso de tenerlas? No lo sé; tal vez se deba a que cuando anhelamos algo con muchas ganas es inevitable. A lo mejor se buscan palabras de aliento al leer lo que escribo, pero es todo lo contrario: esto es un texto honesto de una persona impaciente en búsqueda de que entiendan su mente. Que piensa cuando aún no ha terminado de realizar algo, ya quiere otra cosa y así sucesivamente.
Por ejemplo, les hablaré de Juana. Juana no había terminado de comprar unos lentes cuando vio un vestido que le iría de maravilla con las gafas nuevas que tenía. Empezó a pensar en cómo pagar los lentes y el vestido cuando vio unos zapatos en el camino. ¿Adivinen qué? También los quiso. Así que Juana quiso todo al mismo tiempo sin terminar una cosa primero. ¿Juana soy yo? No lo sé; quizás, pero por mi orgullo jamás se los diré.
Dios bendiga la paciencia y, si es piadoso, que me regale un poquito a mí. Hace días, hablando con alguien que digamos puede llegar a ser mi conciencia en momentos de caos, me dijo que a veces hay que ordenar nuestras prioridades, bajar un escalón y volver a subir otro e ir poco a poco, porque ahogarnos en un vaso de agua no nos va a ayudar en nada.
Y tiene razón, lo cual es lo que más rabia me da. Pero ¿qué pasa cuando no podemos dejar nada para el último porque todo importa? O mejor dicho, porque no queremos. Porque hay una voz chiquita, mejor conocida como ansiedad, que nos susurra al oído que si no haces todo mañana el mundo se va a caer o que si lo dejas para más tarde ya no tendrá importancia. Sé que suena exagerado decirlo porque ahora que escribo los pensamientos que me pasan por la cabeza… ¿cómo no va a ser una exageración querer todo en menos de una semana? Pero para una persona a la que las horas pasan a paso de hormiga, tienen que entender…
Amada impaciencia, ojalá algún día te vuelvas magia para poder hacer grandes cosas contigo; pero mientras tanto aprendamos a vivir juntas y a sacarle provecho, porque es lo único que nos queda. De nuestros mayores defectos se pueden sacar grandes cosas: un consejo mío y de Juana, que tal vez seamos la misma persona.
Muy ameno tu artículo ya que te describe muy apropiadamente.Me gustó su enfoque que raya en un refinado humor negro .
ResponderBorrarCon un poco de paciencia, todo aquel que te trate encontrará un gran ser humano ✨