La familia ¿amor u obligación?
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| Foto cortesía de Pinterest |
“Que a pesar de los problemas, familia es familia y cariño es cariño” es uno de los versos de amor y control de Rubén Blades, una canción que crecí escuchando en mi casa. No supe el valor de su letra hasta que tuve una pérdida que me dejó llorando tres días, esperando que la tristeza desapareciera o que se revirtiera la muerte de la que me había enterado.
Desde hace muchos años se tiene la creencia de que la familia está por encima de todo, pero ¿qué tan resistente es ese "todo"? ¿Cuánto se puede soportar en nombre de un vínculo sanguíneo? Como alguna vez escuché decir a un conocido: “Si supiera la vena que me une a estas personas, no tendría ninguna duda en cortármela”. Cuando buscamos en nuestro aliado, la inteligencia artificial, y le preguntamos: ¿qué es la familia? Me encanta la definición que da: “La familia es reconocida como la célula básica de la sociedad, un espacio donde se aprende sobre amor, respeto y solidaridad. Es el lugar donde cada miembro se siente aceptado y valorado, independientemente de su condición económica, cultural o de cualquier otra índole”.
Un significado muy hermoso y profundo, pero ¿toda la familia es de sangre? Yo no lo creo. Hablemos de las familias que no sirven, porque de eso tengo mucho que hablar. Dicen que por ser escorpiana a veces tiendo a ser un poco vengativa; yo prefiero decir que tengo buena memoria y, sobre todo, excelente semántica para hablar de estas cosas. Hace un tiempo, en uno de los muchos posts que he subido a “Un café con Karla”, recuerdo que escribí algo como: “A lo largo de mi vida me di cuenta de dos cosas: una cosa es tu círculo familiar y otra son tus lazos consanguíneos; un poco complicado, lo sé, pero déjenme explicarles”.
Recuerdo que en ese momento deseaba explicar que nuestro círculo familiar son aquellos que consideramos nuestra familia y que se han vuelto parte de nuestra cotidianidad. En esos casos, pueden haber vínculos de sangre, de crianza o, el que considero más bonito, que es la familia de corazón, la que escogemos para que forme parte de nuestra vida. El segundo grupo son extraños con los que compartimos sangre, pero con los que no tenemos cosas en común.
Tuve un poco de resquemor al subir algo tan fuerte, y más tan joven, porque sabía que iba a generar problemas por el tono en que se podía leer. Hoy me alegro tanto de haber tenido la valentía de escribir eso que lo que siento es un profundo orgullo. Les contaré algo: la persona que narré al comienzo ni siquiera nos unía la sangre; de hecho, esta persona formó parte de mi vida por esas casualidades tan bonitas que nos llenan el corazón. Partió de este mundo y me dejó, además de un gran vacío en el corazón, la certeza de que la familia no siempre es de sangre, porque en la calle hay muchos extraños con tu misma sangre y eso no asegura que te van a querer con el mismo amor que otra persona que ha celebrado cada uno de tus logros.
Les contaré un chisme, pero como soy una periodista en formación, digamos que es una noticia pasada (chiste de comunicadores). En alguna oportunidad, alguien llamado familia me llegó a decir que yo no valía nada y que era una “desgraciada”, con otros peyorativos que ni valen la pena recordar. En ese momento me puse a pensar: ¿cómo que desgraciada? Si tengo miles de bendiciones en mi vida, tengo aire en mis pulmones, agua que beber cuando tengo sed, una cama donde dormir, techo y miles de brazos que estarán abiertos cuando necesite alguien que me dé consuelo. ¿No valgo nada? Pero si los seres humanos no somos monedas de cambio, sino seres pensantes que aman y padecen, donde tal vez su valor radique en la manera de ver la vida; y mejor no sigo porque voy a parecer Paulo Coelho.
Pero a lo que quiero llegar es al concepto de familia que he construido con el paso de los años. La familia no maldice, la familia no desea muerte, la familia no le busca la trampa a tus logros y mucho menos se alegra de tus caídas; más bien, todo lo contrario: se consuela en las penas, se abraza en las alegrías, se preocupa por tus pérdidas y te consuela en el dolor. Todo lo que digo es bonito, ¿verdad? Lamentablemente, no todos entienden ese concepto.
En mi vida, tuve muchos extraños que tienen mi sangre, y tuve una gran familia con la que ni compartía el apellido; gente que, con mi llegada, celebraba mi presencia, personas que llenaron mi existencia de gratos recuerdos que, hasta el día de hoy, me hacen sonreír cuando me acuerdo. Una vez escuché en una película protagonizada por Salma Hayek que la familia es un tesoro, que no es algo que solo se usa en festividades, sino que, al contrario, a diario debemos alegrarnos de las personas que nos aman, nos comparten su tiempo y su vida; porque el amor es un regalo, no una obligación, y de los que no nos quieren, ¡agradecer que no estén! Así no amargan con su odio y veneno en entornos llenos de amor.
Gracias por todo el cariño y amor que me diste tío. Te voy a extrañar.

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